Centrismo, nacionalismo de derecha y anexionismo simbólico. Por Fernando Martínez Heredia


Respuesta del intelectual cubano Fernando Martínez Heredia a una pregunta de la periodista Rosa Miriam Elizalde durante la conversación que sostuvieron en Cubadebate junto a Jesús Arboleya sobre la próxima visita a Cuba del Presidente de EEUU Barack Obama.

Rosa Miriam Elizalde: Fernando, usted mismo ha alertado de la existencia en Cuba de un nacionalismo de derecha, que está en contra del bloqueo pero también implícita o explícitamente en contra de la Revolución, invocando posturas centristas.

Fernando Martínez Heredia: Y un nacionalismo de derecha incluso que tiene una acumulación cultural a la cual referirse. Si el día de mañana tuviéramos problemas graves entre nosotros, algunos de los que se sienten nacionalistas de esta manera probablemente terminarán frustrados y dirán: “Y yo que quería que Cuba tuviera una buena democracia, que con el pluripartidismo salieran los mejores siempre y la administración fuera una maravilla y miren las desgracias que nos han caído por lo que yo me creí.”

¿Qué tienen que hacer los pueblos cuando tienen experiencia histórica?: No volverse a equivocar. Cuando yo era niño la democracia burguesa en Cuba regía muy bien y mejor que en muchísimos países, y además se trataba de que el presupuesto nacional fuera aprobado por el Congreso. El Presidente de la República tenía un Primer Ministro, se transmitían por radio los debates, la televisión nueva también se metió en la política, la libertad de expresión cubana en la República burguesa neocolonial -no es una pseudorepública.

Allí la libertad de expresión era bastante alta y ¿por qué?, porque era funcional a la dominación capitalista en Cuba. Que todo el mundo pudiera opinar lo que quisiera, pero que las cosas continuaran en lo esencial sin cambios; por eso todos los partidos políticos cubanos en un momento dado estuvieron a favor de la Reforma Agraria, pero solo el triunfo militar-político de los revolucionarios pudo hacer la Reforma Agraria. Esa es una experiencia histórica.

Recuerdo a Frei Betto, que es tan sagaz y hace un par de meses dijo en Cuba: lo americanos saben que no pueden anexionarse a Cuba, ellos lo saben muy bien, pero pueden tener la aspiración de una anexión simbólica de Cuba. Es decir, pueden tener la aspiración de que por la guerra de los símbolos los cubanos se confundan suficientemente o se dividan suficientemente, para que se equivoquen con sus propios símbolos. Por ejemplo, que uno tenga la bandera norteamericana en la ropa, en un automóvil, y diga: “No, si eso no tiene importancia, pero si es de lo más bonita, no pero si venden muchísimas”. También podrían poner la bandera irlandesa o austriaca, y no es así. De modo que no es casualidad, sino un proceso. Cito a Betto porque en estas cosas a veces de las frases felices son importantes.

La anexión simbólica no significa que a uno le vaya a parecer mejor la bandera, sino que uno pueda pensar que, porque Obama viene a Cuba, la situación material de una parte grande de los cubanos va a mejorar. Esa es una creencia que pudiera existir. Supone una tremendísima confusión, pero pudiera existir. Cuando hablamos de anexión simbólica estamos pensando de la creencia de que son los grandes poderes que existen en el mundo los que le pueden resolver los problemas a Cuba. Por eso hablé no solo del dominio neocolonial norteamericano, sino del dominio de la burguesía de Cuba, que mantuvo a casi la mitad de los cubanos sin saber leer y escribir -100 mil cubanos en La Habana no sabían ni leer ni escribir cuando triunfó la Revolución-, 100 mil que mantuvo a la gente sin atención médica, donde morirse de diarrea de niño era lo más normal y tener tuberculosis de adulto era de lo más normal. Entonces, pensar que hoy en el siglo XXI uno puede resolver todo si los Estados Unidos nos ayudan a resolverlo es anexionarse simbólicamente, y es peligrosísimo porque es volverse ciego, es perder la visión del presente y del futuro.

de salvadorsolidaridadconcuba Publicado en Política

2 Titanes de un 14 de JUNIO.


Tanta fuerza en el brazo como en la mente tuvieron Antonio Maceo y Ernesto Guevara, a quienes la casualidad los hizo ver la luz, en igual fecha, un 14 de junio, aunque en dos siglos diferentes.

Los ideales los juntaron en una misma causa: la batalla por la libertad de Cuba, tierra natal del primero y nacionalidad que el segundo, oriundo de Argentina, conquistó por sus méritos, al ser declarado por el pueblo agradecido, ciudadano cubano por nacimiento. Y la nueva patria le llamó para siempre como lo rebautizaron sus compañeros de lucha: Che.

Sus vidas tuvieron mucho en común: la disposición de luchar sin dejarse vencer por la adversidad, la genialidad militar nacida al calor de la batalla, y la defensa intransigente de la total independencia de la tierra por la que habían decidido hasta morir si era necesario.

Maceo, como parte del Ejército Libertador; y Che, del Ejército Rebelde, pelearon, primero como soldados, y después oficiales al frente de sus tropas, con muy escasos recursos y padeciendo innumerables vicisitudes contra adversarios poderosos bien entrenados, abundantemente pertrechados y muy superiores en número, y a pesar de ello los enfrentaron con coraje y decisión, con las mismas armas de los enemigos, que les arrebataban en los combates.

Nunca perdieron la fe en el triunfo de la causa revolucionaria, como le sucedió a Maceo ante el Pacto del Zanjón, hecho que representaba la paz sin independencia y sin la abolición de la esclavitud, al que opuso resueltamente la Protesta de Baraguá, que mantuvo en alto la decisión de continuar la lid emancipadora cuando las condiciones lo propiciaran.

De igual modo, después del azaroso desembarco del Granma y en medio de la sorpresa de Alegría de Pío que parecía dar al traste con la empresa libertaria, el médico argentino no vaciló ante la disyuntiva de escoger entre su dedicación a la medicina y su deber de soldado: cuando en pleno combate tuvo delante una mochila llena de medicamentos y una caja de balas que por su peso no podía transportar juntas, se decidió por la caja de balas.

Al fragor de la lucha, Maceo y Che se convirtieron en brillantes jefes guerrilleros capaces de conquistar los más altos grados militares, de protagonizar hazañas como la Invasión y obtener las más sobresalientes victorias.

No le fue dado a Maceo contemplar la victoria que sí pudo ver el Che, quien tuvo la oportunidad de servir al Gobierno Revolucionario y al pueblo en diversas y complejas responsabilidades.

El 7 de diciembre de 1962, en momentos cruciales para el país marcados por la reciente Crisis de Octubre, expresó en el discurso conmemorativo por la muerte de Maceo: “Hemos pasado por la prueba más dura que puede pasar pueblo alguno, hemos estado frente a la destrucción atómica”, y subrayó: “Nuestro pueblo todo fue un Maceo, nuestro pueblo todo estuvo disputándose la primera línea de combate”.

En tal coyuntura, el Che, designado al frente del Ejército Occidental, desde su comandancia en la Cueva de los Portales pasó días y noches recorriendo trincheras, impartiendo instrucciones, visitando los lugares de mayor peligro, dispuesto a inmolarse junto a los cubanos antes que ceder a las amenazas.

Había hecho suya una memorable frase del general mambí que mantiene absoluta vigencia y que citó en aquel discurso: “Quien intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”.

Tempranamente Maceo alertó a sus compatriotas del peligro que representaba para Cuba el poderoso vecino del Norte: “Tampoco espero nada de los americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin su ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.

La historia le dio la razón y el Che se convirtió en portavoz del rechazo a la injerencia yanqui cuando aseguró en su Mensaje a los Pueblos del Mundo, a través de la Conferencia Tricontinental: “Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica”.

La muerte sorprendió al Che en otras tierras en el intento por conquistar la segunda independencia latinoamericana. Fue un acto internacionalista al que aspiró también Maceo, al expresar que cuando Cuba fuese independiente iba a solicitar al Gobierno permiso para hacer la libertad de Puerto Rico, “pues no me gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América”.

Y tantas coincidencias entre estos hombres no son casuales, porque se trata de dos titanes de la historia.

de salvadorsolidaridadconcuba Publicado en Política