ONU reconoce a Fidel como símbolo de la solidaridad mundial: palabras de Ban Ki-Moon

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Tomado de: Cubainformación

El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-Moon, expresó sus condolencias al pueblo de Cuba por la partida física del líder revolucionario Fidel Castro Ruz. El titular de la ONU reconoció que Fidel fue una voz enérgica a favor de la justicia social en las discusiones globales de la Asamblea General y en foros regionales e internacionales.

“Quedará en nuestra memoria como una gran figura del mundo contemporáneo y un símbolo de solidaridad”, dijo la directora general de la Unesco. El Sistema de Naciones Unidas destacó este sábado los logros de Cuba en salud pública, educación, ciencia y otras áreas sociales, gracias a la Revolución Cubana que fue liderada por Fidel Castro.

El reconocimiento fue realizado tras el fallecimiento del líder cubano y como solidaridad al pueblo de esta nación caribeña “en este momento de duelo nacional”. En su mensaje de condolencia, la ONU aseguró que Fidel Castro será recordado por “su liderazgo nacional e internacional”.

Por su parte, el secretario general de este organismo lo calificó como una “figura emblemática de la Revolución Cubana, de gran prominencia en América Latina e influencia en los asuntos mundiales”. Hizo una distinción especial por su lucha para acabar con el analfabetismo.

También la directora general de la Unesco, Irina Bokova, dijo que Fidel Castro es un símbolo de la solidaridad mundial. “Gracias a los esfuerzos de Fidel Castro Ruz, Cuba constituye un ejemplo mundial en materia de solidaridad y cooperación”. Asimismo, lo calificó como un defensor incansable de los desheredados y de la educación como aspecto clave para el crecimiento cultural, social y humano de los pueblos.

Su concepción sitúa la formación del hombre en un proceso continuo y complejo, que tiene en cuenta las particularidades de cada individuo, consolidando lo mejor de este, lo esencial para el desarrollo de sí mismo y de la sociedad, enfatizó.

Añadió que el líder cubano defendió el arte y la cultura.

Líderes mundiales han resaltado el compromiso de Fidel Castro para proteger a la humanidad y a los pueblos oprimidos.

El líder de la Revolución Cubana falleció este viernes a los 90 años de edad. Durante los próximos días se llevará a cabo en todo el mundo homenajes a Fidel Castro.

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Carta a Donald Trump en respuesta a sus declaraciones sobre Fidel

Por: Julio Alejandro Gómez Pereda/Palabras entre el café
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Presidente electo de los Estados Unidos de América Donald Trump:

Nunca pensé que escribiría en un mismo año dos cartas a presidentes distintos de Estados Unidos. En mi misiva a Obama luego de su discurso en el Gran Teatro de la Habana Alicia Alonso, consideré nuestras diferencias, dejé establecidos mis puntos de vista al respecto, pero fui respetuoso y cortés con un hombre que como mínimo ha mantenido la compostura diplomática en su trato con Cuba.

En esta oportunidad, reconozco que me motivan situaciones diferentes, usted eligió el peor día para hablar de Fidel Castro en los términos en los que lo hizo, y quedar callado ante semejantes declaraciones, sería como aceptar sus ataques y mirar a otro lugar mientras permanezco de rodillas.

Cuando en la madrugada de hoy conocí la noticia de la muerte del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, el mundo quedó sin sentido por varios segundos, es la sensación de quien no espera nunca vivir un momento como ese. Muchos cubanos dentro de los que me encuentro, hubiésemos preferido dar años de nuestras vidas, o morir primero, por el solo hecho de mantener vivo a Fidel por más tiempo. No es fanatismo, es amor.

Antes de salir de mi casa, me senté junto a mi hijo que aún dormía y observé su respiración, mientras pensaba que le tocaría enfrentarse a un mundo sin Fidel. Su historia será distinta a la mía, porque no lo escuchará en sus discursos, no lo tendrá para ir a la Plaza de la Revolución y decirle adiós mientras desfilamos juntos, no podrá disfrutar de su barba y su uniforme verde olivo, salvo por lo que nosotros seamos capaces de mostrarle, pero aún así, salí de mi casa seguro de que mi hijo amará a Fidel, porque él está encarnado en cada uno de nosotros.

Cuando a las 8 de la mañana vi el tweet que usted lanzó pensé en lo absurdo de su contenido, e incluso respondí a su cuenta oficial. Con el desarrollo del día llegaron sus infortunadas declaraciones, y con ellas, esta necesidad de responderle desde el más profundo dolor de un hijo, ante la pérdida de un padre.

Señor Trump, usted no conoce a Fidel Castro, usted no sabe nada de la historia de Cuba y lo demuestran sus absurdas e hirientes palabras, usted se comporta como un títere de la política más baja y ruin, como un hombre desatinado, sin sentido, y acaba de vaticinar que George W. Bush, podría haber sido solo un ensayo para lo que sufrirá el mundo durante su mandato.

Sus declaraciones son irrespetuosas con un pueblo que ama y sufre la pérdida de su líder histórico, sus declaraciones no tienen en cuenta el básico honor y respeto que debe existir entre contrarios. Puede estar seguro de que el pueblo de Cuba no va a olvidar sus palabras, y las tendrá en cuenta ante cada paso que demos con su administración. No crea que tenemos miedos de sus medidas o sus locuras, sabemos vivir en las mayores necesidades provocadas por el imperio, estamos dispuestos a la convivencia pacífica y respetuosa, pero no somos de los pueblos que no veneran a sus muertos, nosotros los defendemos con los huesos y la piel, al precio que sea necesario pagar, incluso el hostigamiento de su administración, que se presenta como el preludio de la caída del Imperio.

Al llamar a nuestro Fidel dictador brutal, recuerdo a Rubén Martínez Villena, cuando parado frente al dictador Gerardo Machado descubrió a un hombre bruto, salvaje, desconocedor del comunismo, y una amenaza para América Latina. Por lo tanto, creo que no hay otra figura que como usted, merezca ser nombrado de la misma forma que el tirano: Asno con Garras!!

Fidel vive y vivirá en su pueblo, Fidel iluminará el camino de nuestra Revolución, una Revolución que será cada día mejor, más justa y más humana, más internacionalista y más proletaria. Usted solo podrá armar rabietas desde su silla presidencial y tomar decisiones a golpe de pluma, que solo nos harán más fuertes.

Créame, no hay mejor placer que terminar diciéndole que Cuba es y será un pueblo de Patria o Muerte, y que con Fidel estaremos Hasta la Victoria Siempre.

Julio Alejandro Gómez Pereda

Autor del blog Palabras entre el café

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Fidel Castro y los logros sociales en Cuba

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Cuba es unánimemente reconocida por su sistema de protección social y sus resultados excepcionales en los campos de la educación, la sa­lud, la ciencia, la cultura y el deporte. El hijo espiritual de José Martí se ha ubicado del lado de los humildes y de los humillados.

El líder de la Revolución Cubana también es percibido como el portavoz de los sin voz en busca de justicia social y de una repartición equitativa de las riquezas. Cuba es uná­nimemente reconocida por su sistema de protección social y sus resultados excepcionales en los campos de la educación, la sa­lud, la ciencia, la cultura y el deporte. Al dar la prioridad a los más desheredados, Fidel Castro ha creado la sociedad más igualitaria del continente latinoamericano y del Tercer Mundo.

Las cifras son elocuentes. En cuanto a la educación, la tasa de analfabetismo en Amé­rica Latina es de un 11,7 % y de un 0,2 % en Cuba. La tasa de escolarización en la enseña­za primaria (hasta los 11 años) es de un 92 % en el continente latinoamericano y de un 100 % en el archipiélago del Caribe. La tasa de escolarización en la enseñanza secundaria (hasta los 14 años) es de un 52 % en América Latina y de un 99,7 % en Cuba. Cerca del 76 % de los niños latinoamericanos alcanzan el nivel del colegio y esta cifra es del 100 % para los alumnos cubanos. El Consejo Económico y Social de la Unión Europea reconoce que “estas cifras son excepcionales entre los países en desarrollo”.

El Departamento de Educación de la UNESCO señala que Cuba dispone de la tasa de analfabetismo más baja y de la tasa de escolarización más alta del continente. Según este organismo un alumno cubano tiene el doble de conocimientos que un niño latinoamericano. Agrega que “Cuba, aunque es uno de los países más pobres de América Lati­na, dispone de los mejores resultados en cuanto a la educación básica” porque “la educación ha sido la prioridad más importante en Cuba”.

La UNESCO subraya que Cuba ocupa el decimosexto puesto mundial —el primero del continente americano— en el Índice de Desarrollo de la Educación para todos (IDE), que evalúa la enseñanza primaria universal, la alfabetización de los adultos, la paridad y la igualdad entre los sexos, así como la calidad de la educación. A título de comparación, Estados Unidos está en el puesto 25. El organismo informa también de que Cuba es la nación de todo el mundo que dedica más parte de su presupuesto a la educación, con cerca del 13 % del PIB. Este porcentaje es del 7,3 % en Estados Unidos, 6,7 % en Suecia, 6,4 en Finlandia, 6,3 en Francia, 6,2 en Holanda, 6 % en el Reino Unido y Australia, 5,6 % en Espa­ña, 5,3 % en Alemania, 5,2 % en Japón y 4,9 % en Italia.

Algunos indicadores permiten evaluar la excelencia del sistema de salud en Cuba. Así, la tasa de mortalidad infantil es de un 32 por mil en América Latina y de un 4,6 por mil en Cuba, la más baja del continente, desde Canadá hasta Argentina. La esperanza de vida es de 70 años para los latinoamericanos y de 78 años para los cubanos. Según la Organización Mundial de la Salud, Cuba es uno de los países que cuentan con el más alto número de centenarios con respecto a su po­blación. El número de médicos por 100 000 habitantes es de 160 en América Latina y de 590 en Cuba. Cuba es la nación que dispone de más médicos por habitante de todo el mundo.

La American Association for World Health, cuyo presidente de honor es James Carter, señala que el sistema de salud de Cuba es “considerado de modo uniforme como el mo­delo preeminente para el Tercer Mundo”. Según la American Public Health Asso­cia­tion, “no hay barreras raciales que impidan el acceso a la salud” y enfatiza “el ejemplo ofrecido por Cuba, un país con la voluntad­ política de brindar una buena atención médica a todos sus ciudadanos”.

Según el New England Journal of Mede­cine, la más prestigiosa revista médica del mundo, “el sistema de salud cubano parece irreal. Hay demasiados doctores. Todo el mundo tiene un médico de familia. Todo es gratis, totalmente gratis […]. A pesar de que Cuba dispone de recursos limitados, su sistema de salud ha resuelto problemas que el nuestro [el de Estados Unidos] todavía no ha logrado resolver”. El NEJM agrega que “Cuba dispone del doble de médicos por habitante que Estados Unidos”.

Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, en la última década Cuba es el único país de América Latina y del Tercer Mundo que se encuentra entre las primeras diez naciones con el mejor índice de desarrollo humano sobre los tres criterios “esperanza de vida, educación y nivel de vida”.

Según la Organización Mundial de la Sa­lud, Cuba es un modelo para los países en vías de desarrollo en cuanto a la atención médica brindada a las madres y a los niños. La UNICEF enfatiza que “Cuba es un ejemplo­ en la protección de la infancia”. Según Juan José Ortiz, representante de la UNICEF en La Habana, “la desnutrición severa no existe en Cuba […]. Aquí no hay ningún niño en las calles. En Cuba los niños siempre son una prioridad y por ello no sufren las carencias que afectan a millones de niños en América Latina que trabajan, que son explotados o que se encuentran en las redes de prostitución”. Según él, Cuba es un “paraíso de la in­fancia en Amé­rica Latina”. La UNICEF señala que Cuba es el único país de América Latina y del Tercer Mundo que ha erradicado la desnutrición infantil.

La Organización no Gubernamental Save the Children coloca a Cuba en el primer puesto de los países en desarrollo en las condiciones brindadas a las madres, delante de Ar­gen­tina, Israel o Corea del Sur. En ese estudio se tuvieron en cuenta varios criterios como el sistema de salud y educación, o sea la asistencia por personal cualificado durante el parto, la difusión de los métodos anticonceptivos y el nivel de educación de las mujeres y niños. También se tomó en consideración la igualdad política y económica entre hombres y mujeres, o sea la participación de las mujeres en la vida política y la igualdad salarial.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) califica el sistema de seguridad social cubano de “milagro”, dada la protección que brinda a los trabajadores y la tasa de desempleo muy baja (1,9%). Según la OIT, en América Latina el 11% de las personas sin trabajo y cerca del 65 % de los habitantes no tienen acceso a la seguridad social. En Améri­­ca Latina una de las grandes paradojas reside en el hecho de que 25 millones de ni­ños están obligados a trabajar mientras que 19,5 mi­llones de adultos se encuentran sin tra­bajo.

Al ubicar al ser humano en el centro del proyecto de la sociedad nueva, Fidel Castro ha demostrado al mundo que es posible, a pesar de recursos muy limitados y un estado de sitio económico que impone Estados Uni­dos, ofrecer a todos los ciudadanos un sistema de protección social similar al de las na­ciones más ricas.

*Doctor en Estudios Ibéricos y Latino­a­me­ri­canos de la Universidad Paris Sorbo­nne-Paris IV. Es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

(Tomado de Rebelión)

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“Los sueños de Fidel”

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Media noche, el timbre del teléfono y la noticia llegó al oído, pero estremeció cada órgano de mi cuerpo y cortó de momento la respiración.
De inmediato vinieron a la mente momentos cuando estuve bien cerca de Fidel, primero en la Plaza Cadenas de la Universidad de La Habana, en mi etapa de estudiante. Después en otros escenarios como la inauguración del hospital Abel Santamaría, en Componentes Electrónicos, Palacio de computación, el Aló Presidente junto a Hugo Chávez en Sandino y en otros sitios de la geografía pinareña.

Me pareció sentir aún el calor de su cuerpo cuando su brazo derecho permaneció sobre mis hombros durante muchos minutos de conversación con los periodistas durante la cobertura de uno de los tantos ciclones que azotaron a esta provincia, ocasiones en que siempre contamos con su presencia.

Ese momento de satisfacción y emoción indescriptibles habitará por siempre en mi memoria, al igual que el 25 de noviembre de angustias, dolor y luto, no solo para Cuba, sino también para el mundo entero, que lamenta la partida de uno de los hombres más brillantes de estos tiempos.

En una larga noche de insomnio, lo vi en Villa Bolívar,comunidad de 150 viviendas hija de la solidaridad venezolana, que benefició a igual número de familias afectadas por el azote de huracanes.

Allí aprecié su rostro sonriente, feliz junto al Comandante bolivariano, en la transmisión del programa Aló Presidente en su edición 231, conversando con los pescadores tras el paso de un huracán por ese puerto pinareño,y en la reinauguración del Palacio de Computación de la ciudad, animado por las posibilidades de esa instalación de ensanchar el conocimiento sobre esa rama.
Y también transitaron por la memoria otros acontecimientos, que con su presencia reforzaron su transcendencia, como la inauguración de la Autopista Nacional Habana-Pinar del Río y durante el discurso pronunciado en ocasión del aniversario 47 de su entrada en Vueltabajo, en el acto por la culminación del montaje de los grupos electrógenos aquel 17 de enero de 2006, “Año de la Revolución Energética en Cuba”.
Tuve el privilegio, en una de sus visitas debido al azote de ciclones al territorio, de, por obra del azar, quedar situada frente al líder durante un intercambio con la prensa. Aquel día no solo nos habló de huracanes, sino también de otros proyectos, incluida la tarea Álvaro Reynoso, un proceso de reordenamiento de la agroindustria azucarera cubana.
Refiriéndose a sus planes y perspectivas para favorecer a los trabajadores de esa rama, su mirada coincidió con la mía, y la mantuvo fija para afirmar: ¨Yo soy un soñador¨. Y así, con esa expresión de bondad en su faz, reflejo del alma, quiero recordarlo por siempre, repartiendo sus sueños y esperanzas a la humanidad.

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La muerte no es cosa de leyendas

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Por Elena Milián Salaberri

Han transcurrido pocas horas del deceso de Fidel Castro; Cuba vive el Duelo Nacional decretado por varias jornadas, pero las casas-al menos las de mi San Cristóbal, en Artemisa- están cerradas y el sonido del silencio habla más que mil palabras.

La quietud trasluce el respeto por un insoslayable entre los grandes hombres; no se habla de otra cosa entre fronteras y me atrevería a decir que mucho más allá, sin pretender hurgar entre adeptos y detractores, pues sería inútil apartar la mente del hecho en sí y de la gran responsabilidad que tenemos los cubanos por delante.

Casi más natural que nacer es morir, más no sé bien cómo ni cuándo -creo que ni él lo supo- Fidel transgredió las dimensiones del ser humano para hacerse leyenda. Y las leyendas mueren, únicamente, si se deja fallecer lo mejor de su esencia, de las maneras más insospechadas.

Tengo cincuenta años, la época de verlo todo con una pasión apologética ha cedido el paso al análisis y, permítanme parodiar una canción muy conocida: no he vivido en una sociedad perfecta.

No, y estoy segura de que Fidel también lo sabía. El concepto de Revolución, expresado por el líder el Primero de mayo del año 2000, sentaba las bases dialécticas del futuro, en mezcla con no poco de los desafíos enarbolados por Cuba tiempo atrás y emanados de las fuentes de otros pensadores de la nación como el imprescindible José Martí.

Decía Fidel:“Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”.

Sin dudas, se trata de un mensaje hermoso, de valor semántico y con una carga didáctica de filosofía de vida esperanzadora; mas lograr la interpretación cabal, ponerlo plenamente en práctica requiere infinito empeño, confianza y conciencia.

Vuelvo atrás: no ha sido perfecto- no hay obra humana perfecta-, mas yo he sido feliz por encima de carencias o limitaciones a cuya erradicación invita su concepto, emitido hace algo más de 16 años.

Recuerdo que al escucharlo se renovaron en mi mente las veces que vi a Fidel: de pequeña, en el apogeo de la epopeya revolucionaria, me lo imaginaba cuando, junto a mis amiguitos salíamos a toda carrera al sentir un helicóptero sobrevolar bajito el pueblo y decíamos:” adiós Fidel”, sin tener la certeza de que fuera él y, en la emoción, suponía su rostro.

Luego, en las ciernes de la adolescencia lo vi realmente en la inauguración del Palacio de Pioneros Ernesto Guevara, de la capital cubana, donde estuve entre los miles de invitados. Lloré a mares. Más tarde ya como periodista, coincidí en varias coberturas con el líder: el huracán Iván lo trajo a Pinar del Río y el programa Aló, Presidente, transmitido desde el municipio pinareño de Sandino, lo puso ante mí, esa vez junto a Hugo Chávez.

Hoy, se me agolpan los recuerdos, de nuevo desde lejos porque nunca osé acercármele, no por miedo sino por respeto, el mismo que demanda el hecho de su deceso ayer 25 de noviembre de 2016, fecha capaz de marcar un antes y un después en la vida de varias generaciones de cubanos.

Y se me antoja aferrarme al sueño infantil de correr en pos del celaje donde lo buscaba para volver a vivir mis cincuenta años en esta tierra donde su gente -que Fidel calificara como “de oro”- echó a andar envuelta en el halo de una leyenda.

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Un solo Fidel. Por Cristina Fernández de Kirchner

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El 25 de mayo de 2003 lo conocí personalmente. Treinta años después de haber estado en la misma plaza festejando el fin de la dictadura y la asunción de Cámpora, hablaba mano a mano con Fidel Castro, la noche que mi compañero asumía como Presidente de la Nación.

Más tarde nos encontramos en la Cancillería, escuchamos juntos a Miguel Ángel Estrella, el concertista de los changos cañeros en Tucumán. Había terminado de ejecutar una de sus memorables interpretaciones. Otro país y muchos sueños.

Lo volví a ver en La Habana, en enero del 2009, casi dos años después de haber asumido mi primera presidencia, en mi también primera visita oficial a Cuba. La prensa canalla global decía que Fidel había muerto y que “el régimen” lo ocultaba. Le pedí a Raúl si podía verlo: me miró fijo y me dijo que no. Le insistí, no me acuerdo con qué argumentos, pero debieron ser convincentes porque al otro día me vino a buscar él, personalmente, en un auto y me llevaron a verlo.

No estaba en su casa. Me recibió en una pequeña sala de estar, de uno de los tantos establecimiento de salud con que cuenta la isla, junto a Dalia, su compañera, que no se despegó un instante de su lado. Me acuerdo que Obama había asumido en esos días como el primer presidente afro-americano de EE.UU. y un optimismo voluntarista (ahora puedo decodificarlo) nos invadía a muchos, no a todos. Debo reconocer que Néstor fue escéptico desde un primer momento.

Charlamos mucho con Fidel, se estaba reponiendo de un problema en su rodilla, si mal no recuerdo. Escuchaba atentamente mi entusiasmo y con mucha elegancia y mayor experiencia me dijo, palabras más palabras menos: “El gobierno de EE.UU. es un sistema, no un presidente”. Luego seguimos hablando de geopolítica y ciencia, una disciplina que siempre lo apasionó tanto como a mí.

Al final de la charla nos tomaron una foto que inmortalizó el encuentro, no por mí, claro, sino porque era la primera foto de Fidel en muchos meses, durante los cuales los conocidos de siempre lo dieron por muerto en letra de molde. Recuerdo que no pocos medios internacionales y por supuesto nacionales, faltaba más, dijeron que la foto era trucada, y que yo era parte de la “maniobra”. ¿Alguna vez pedirán disculpa por tanta mentira, tanto agravio y tanto cinismo? Debo confesar, igual que Fidel y Néstor con Obama, mi escepticismo.

Se sucedieron después de aquella primera vez, nuevos encuentros, por suerte nunca más en un centro de salud. Me recibía en su casa junto a Dalia. Alguna vez nos acompañó Florencia, mi hija. La última vez me invitó a almorzar junto a su familia: Dalia, los hijos, los nietos y hasta su bisnieta. Le gustaba explicar absolutamente todo: hasta lo que comíamos era motivo de un análisis minucioso y detallado. La lucidez, la información al día y la avidez para enterarse y conocer lo que aún le faltaba eran francamente asombrosas.

Sentí que habíamos logrado crear una relación casi familiar, de sobremesa. Nunca te hacía sentir que estabas hablando con una leyenda universal y viviente.

Hoy por la mañana, un celular inundado de mensajes me informaba que ayer, 25 de noviembre, Fidel partió. Pensé: se fue el último de los modernos, el último de los lideres globales anteriores a la caída del Muro de Berlín. De pronto me inundaron las voces y las imágenes de hombres y mujeres que marcaron la vida política de generaciones en nuestro país, en Latinoamérica y en el mundo. Ideas, programas, compromisos claros y precisos, que tenían su eje en la política como motor transformador, casi incunables en tiempos de posmodernidad y era líquida.

Fidel, el último moderno se fue un 25, para quedarse para siempre.

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¿Cómo decir adiós a Fidel?

Tomado de las Razones de Cuba
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Se ha ido, en silencio, sin algarabía, sin esa letanía. Hasta ayer estuvo recibiendo encumbradas visitas y cada vez que lo veía así, sonriendo, lo imaginaba eterno…

La noche no pudo ser peor. El timbre del teléfono en plena madrugada anunciaba la hecatombe: Fidel ha muerto, dijo alguien desde el otro lado y fue como un eco que se adueñó de la casa. Me puse las manos en el pecho y, como una película que pasa a toda velocidad, regresé a tantas imágenes que me hicieron amarlo. Volví a ver a mi abuela Rosa enseñándonos a abrazar como lo hacia él, dando palmaditas en la espalda.

El Comandante se ha ido, en silencio, sin algarabía, sin esa letanía del enfermo que se va de a poco, sufriendo él, haciendo sufrir a los demás. Hasta ayer estuvo recibiendo encumbradas visitas y cada vez que lo veía así, sonriendo, lo imaginaba eterno. Pero la vida es dura y el deseo de que muriera muchos años después de mí nunca se cumplió.

Me duele, me duele inmensamente, es como un vacío, un desasosiego, como un “no saber qué hacer” después de él. Ya sé que debo ser fuerte, me sé de memoria un montón de frases para el consuelo, sé que estará entre nosotros siempre. Pero en este amanecer mustio déjenme llorarlo, quiero sentir esta pérdida en lo más hondo de mí, quiero sufrirla, quiero pasar por mi pecho toda esta carga. Quiero pensar dónde estaríamos todos nosotros si Fidel no hubiera hecho esta Revolución; quiero recordarlo hermoso, alto, fuerte, viril, con esa barba hirsuta; quiero verlo mil veces paleando arena en la construcción, cortando cañas con el torso al descubierto, o sentado en aquel comedor modesto comiendo en una bandeja a la par de otros; quiero sentir esa voz que como ninguna me estremeció; quiero verlo bajo la lluvia, con su bandera de papel mojada…

¿Qué será de todos nosotros ahora? ¿Cómo se le dice adiós a este hombre? ¿Cómo les digo a mis hijas que ha muerto? ¿Cómo les explico que abuelito Fidel se ha ido? Lacera pensar que las dos vivirán en un mundo sin él, un mundo que a partir de este noviembre será otro porque le falta uno de sus hombres más grandes.

Por eso estaremos las tres en la Plaza de la Revolución, cuando Cuba entera se reúna a llorarlo, quizás el dolor en compañía sea más soportable. Allí estaremos porque me enseñaron a amar a Fidel desde que puse un pie en esta tierra y mis hijas lo amarán con igual intensidad. Es mi promesa en este duro amanecer.

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