La vida de todos y el discurso dominante

Cuando en 2007 se estrenó en Cuba la película alemana La vida de los otros varios medios de comunicación extranjeros acreditados en La Habana, como las agencias de prensa Reuters y AFP y hasta el corresponsal del diario mexicano La Jornada, usaron la ocasión para establecer paralelismos con la historia que cuenta el filme y la realidad cubana. Con una unanimidad muy lejos de la esperada en una prensa que se dice libre y diversa, todos los corresponsales se apoyaron para ello en las declaraciones de una persona que -según los cables secretos de la representación diplomática de EE.UU. en la Isla, revelados por Wikileaks- recibe dinero del gobierno norteamericano para implementar su política de “cambio de régimen” en Cuba.

La vida de los otros es bastante conocida, ganó un Oscar a la mejor película extranjera. Para los que no la han visto, o lo hayan hecho de forma acrítica, es interesante el análisis que la escritora española Belén Gopegui realizó sobre el filme durante una conferencia en la Universidad de California, en San Diego, Estados Unidos:
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“Veamos: alguien imagina que cuando el ministro de Cultura de un país socialista, en concreto de la República Demócratica Alemana, se enamora de una actriz casada, lo que hace es ordenar a un oficial de la Stasi que espíe al marido de la actriz y a ésta. Además le promete un ascens si encuentra pruebas, aunque sean falsas, que le permitan perseguir al marido y chantajear a la actriz y obtener sus favores sexuales o vengarse de ella en el caso de que la actriz lo rechace. Alguien supone, o desea, que las cosas hayan sido así en la RDA, de manera que esta historia le parece verosímil y sin duda acierta, pues la película en donde la cuenta, La vida de los otros, recibe el Oscar a la mejor película extranjera en 2006.

“¿Significa esto que las cosas han sido así en la RDA o que un conjunto de personas con capacidad para influir en la constitución del discurso o ha convenido o esperaría que fuera así? A mi juicio significa que un conjunto de personas prefiere creer, ha convenido y espera que las cosas hayan sido así.

“No es que piense que en la RDA no se espiaba a los escritores o que los ministros de Cultura fueron ángeles; lo que sí pienso, en cambio, es que si una narración que pretende explicar un estado de cosas toma como motor la incapacidad de un ministro comunista para resolver sus afanes sexuales sin requerir la policía política, chantajear y mentir, elige un tópico que conviene a una determinada visión del mundo.

“A menudo basta con acudir a la realidad objetiva, las leyes escritas, los datos, para encontrar pequeñas pruebas de cómo los deseos se cuelan en las narraciones. Quien se interese por la RDA descubrirá que un ministro de Cultura, qu ni siquiera formaba parte del Politburó, no podía dar órdenes a un oficial de la Stasi, así como tampoco ofrecerle ascensos e impulsar su carrera.

“Este dato no demuestra en absoluto que el ministro no pudiera ser malísimo, pero sí pone de manifiesto que la película habla más de las fantasías los deseos, las propuestas de funcionamiento que el director ha elegido para el imaginario colectivo sobre la RDA, que del funcionamiento cierto o material de esa república. Claro que hay que tener tiempo para comprobar el dato que nos ha resultado creíble o no. Y una vez comprobado, hay que tener lugares donde decir que no es creíble. Y esos lugares han de tener cierta resonancia para que la película, o la novela, pueda ser discutida no sólo con deseos, sino también con hechos.”

Siete años después de La vida de los otros los hechos y los deseos siguen en direcciones distintas. Edward Snowden ex asesor de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, enemiga ideológica de la Stasi, ha revelado que es su país el que espía todas las comunicaciones de los alemanes y a juzgar por lo que se conoció acerca de Juan Cole, un bloguero estadounidense espiado por la Casa Blanca, los temas pueden ser muy íntimos.

Sobre Cole, un opositor a la guerra de Iraq, las preguntas que se hacían los fisgones de Washington -los mismos de los vuelos secretos de la CIA y las torturas en Guantánamo- no tenían nada que ver con la seguridad nacional: “¿Qué cosa podríamos saber de él o averiguar para desacreditarlo?, ¿Bebe?, ¿Cuáles son sus opiniones? ¿Está casado?”

Casualmente, PRISM, el programa para espiar la vida de todos que denunció Snowden, nació en 2007 mientras el éxito de La vida de los otros recorría el mundo. Y pienso que cuando los periodistas extranjeros acreditados en Cuba eligen a sus entrevistados, ya sea sobre una película, una ley migratoria o un partido de béisbol, casi siempre sirven a una determinada visión del mundo que es la que premia las películas, paga las opiniones, maneja los aviones en que viajan los aspirantes a torturados y espía la vida de todos mientras nos escamotea los “lugares para decir lo que no es creíble”. (Publicado en CubAhora)

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de salvadorsolidaridadconcuba Publicado en Política

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