PALABRAS DEL EMBAJADOR DE CUBA, PEDRO P. PRADA QUINTERO, EN EL HOMENAJE INSTITUCIONAL DE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DE EL SALVADOR A JOSÉ MARTÍ

PALABRAS DEL EMBAJADOR DE CUBA, PEDRO P. PRADA QUINTERO, EN EL HOMENAJE INSTITUCIONAL DE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DE EL SALVADOR A JOSÉ MARTÍ, CON MOTIVO DEL 160 ANIVERSARIO DE SU NATALICIO, PLAZA DE LAS BANDERAS DEL PALACIO LEGISLATIVO, SAN SALVADOR, 24 DE JUNIO DE 2013.
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Señor Presidente
Señores diputados
Distinguidos invitados y compatriotas cubanos.

“Lo justo y lo necesario no se detienen jamás”1. Por eso, honrar a José Martí en este órgano de Estado salvadoreño, en ocasión de su cumpleaños 160, vuelve a ser justo y necesario, seis décadas después del primer homenaje que encabezara en su centenario el recordado José María Peralta Salazar2, insigne presidente de la Asamblea Legislativa entre 1952 y 1956, un período breve, pero de lo más fecundo en la historia democrática y legislativa salvadoreña.
Es justo el homenaje, porque si bien Martí nació en Cuba, no pertenece a los cubanos, sino a la América nuestra toda. Porque su vida, su obra y su prédica siguen siendo brújulas en nuestro horizonte, para construir, al fin, la Patria Grande tantas veces postergada por mezquindades propias y por injerencias foráneas.
Y porque Martí, héroe y apóstol, sigue siendo, 160 años después de su natalicio, el ser humano total, justo, solidario, ético, culto, que nuestros pueblos pueden admirar como arquetipo del ciudadano, del intelectual y del político que podemos ser.
También es necesario el homenaje. Durante mucho tiempo hubo quienes quisieron arrancar de El Salvador la huella y el influjo martianos, porque la luz radiante de su estrella los quemaba, porque Martí era –¡es!- Cuba, y Cuba era una palabra proscrita, y sigue siendo para desdicha común, todavía en nuestra época, un comodín atemorizante de oligarcas y tiranos para justificar sus cruzadas contra los pueblos; sin que falten aquellos otros que, incluso, en pleno siglo XXI, al calor de una campaña electoral, se afanan en tachar a sus opositores de borregos de los cubanos.
Pero ese Martí nuestro y universal está en El Salvador desde mucho antes que sus ideas triunfaran en Cuba y de que una revolución genuina y radical lo rescatara del altar de piedra y del silencio oficial, y lo dignificara.
José Martí fue amigo personal de Juan José Cañas, el ilustre migueleño que escribió la letra del himno nacional de El Salvador, y que, al decir del cubano, con su poesía exaltó la libertad, el progreso, la gloria y el heroísmo, así como el respeto al derecho de las naciones, por lo que lo calificó como “veterano de la lira y de la espada”3
La ilustración salvadoreña del siglo XIX supo apreciar temprano la genialidad poética, ensayística y política de Martí cuando en septiembre de 1888 nuestro héroe fue nombrado miembro correspondiente en Nueva York de la Academia de Ciencias y Bellas Letras de San Salvador4.
En 1889, cuando se comienza a publicar la revista infantil La edad de oro, el poeta, periodista y pedagogo sonsonateco, Carlos Arturo Imendia, se convierte en su agente de ventas en el país y en su más ardoroso defensor, por los valores humanistas que la publicación sembraba en los niños de Nuestra América5. Imendia no imaginaba que en 1961, tras un golpe de Estado, le sería negado el goce de su lectura a los pequeños hijos de esta gran nación.
En 1890, Martí conoce en México al derrocado presidente Carlos Ezeta, entablan amistad en tertulias donde las angustiadas patrias lejanas de ambos eran el tema común, y luego en Nueva York, en 1892, el cubano le tiende decisivamente la mano, cuando lo defiende y salva de la persecución de la justicia estadounidense y de sus opositores políticos, así como apoya al hermano de Ezeta, en una reunión en México con Porfirio Díaz, para frenar una invasión a Guatemala y El Salvador en medio de una aguda crisis limítrofe6. Años después Ezeta reciprocaría el gesto, apoyando a Martí con armas y municiones para la independencia de Cuba, aunque moriría pobre y enfermo antes de consumarlo.
Nueva York la cosmopolita, supo también de los abrazos, afectos y complicidades entre el revolucionario cubano y Román Mayorga Rivas, durante su estancia diplomática, desde donde entablan por cartas y artículos una honda amistad, publica sus artículos en La revista ilustrada, y a quien Martí reconoció “su intenso y fiel amor a nuestros países, a nuestro país de América…”7.
En enero de 1894, la revista pedagógica mensual La Nueva Enseñanza, bajo la dirección de Don Francisco Gamboa, publicó un artículo de Martí sobre la educación nombrado Revolución en la enseñanza8. Este era nada menos que una reescritura actualizada de un célebre ensayo redactado diez años antes: Maestros ambulantes, publicado en Nueva York en mayo de 1884.
La partida bautismal del destacado líder comunista salvadoreño, Agustín Farabundo, expedida mucho después de su nacimiento en 1893, debió recoger otro apellido: Mártir. Su biógrafo Jorge Arias Gómez testimonia que el padre, Don Pedro, y la madre, Doña Socorro, ambos admiradores del gran patriota cubano, decidieron modificar el apellido y asumir orgullosamente el de Martí9.
Un salvadoreño polígrafo y martiano fervoroso: Alberto Masferrer, quien halló en el cubano inspiración para sus ideas vitalistas, humanistas y nuestramericanas, asumió en 1928 como propio el nombre del periódico revolucionario martiano y así nombró al suyo salvadoreño: Patria10.
En 1953, con motivo del centenario de su natalicio y bajo la precepción del mencionado Peralta Salazar, la Asamblea Legislativa publica además el libro Homenaje a José Martí11 y adicionalmente se realiza una emisión de seis sellos de correo con diferentes colores y denominaciones. Uno de esos sellos, el rojo, acompañó al poeta y Premio Nacional de Literatura Alfonso Kijadurías en sus exilios y luchas como un talismán redentor, y en el año 2009, cuando la República de Cuba regresó a El Salvador, el sello, enmarcado, fue cedido por Kijadurías a Cuba, como prueba de su lealtad infinita.
Quizás la síntesis más acabada de estas concomitancias históricas la produce el insigne poeta y revolucionario salvadoreño Roque Dalton, cuando parafrasea un verso martiano para hacer la más grande declaración de amor y lealtad de nuestra mutua historia: “Dos patrias tengo yo: / Cuba / y la mía”12. No en balde, otro gigante moral salvadoreño, Schafik Hándal, también lo invoca como pilar en la hora de la paz definitiva, en Chapultepec, el 16 de enero de 199213.
Asimismo, las universidades locales han trabajado en investigar y difundir el pensamiento del cubano. Tal es el caso de la Universidad de El Salvador (UES), de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) y la Universidad Tecnológica (UTEC), que han hecho publicaciones, convocado cátedras libres, postgrados y conferencias magistrales.
Son diversos los autores salvadoreños que han escrito biografías o ensayos sobre el cubano mayor y más universal: Tirso Canales, Luis Alvarenga, Dagoberto Gutiérrez, Armando Solís, Ricardo Castrorrivas, entre otros.
Con su nombre se honran un Edificio de la Universidad Tecnológica, una calle en la Colonia Escalón, al menos cuatro centros escolares en Santa Ana, Tacuba, Santa Tecla y Soyapango. El ateneo de El Salvador exhibe orgulloso en su paraninfo un cuadro con su imagen, y un busto de mármol, hermano de otros cien hechos en 1953, por donación del pueblo de Cuba, se sembró para siempre en una plaza del céntrico y popular barrio de Don Rúa, en esta capital.
Mucho más se afirma, se precisa y se estudia. Son huellas preciosas, algunas olvidadas y otras inéditas, de la relación entre Cuba y El Salvador, y del paso intangible de José Martí por las tierras y el alma cuscatlecas, para legarlo a las generaciones futuras como testimonio de nuestras fidelidades mutuas.

Señor Presidente
Queridos hermanos salvadoreños.

Cuando aquí se censuró a Martí, cuando se proscribió la lectura de la revista infantil La Edad de Oro en las escuelas salvadoreñas, cuando a los maestros se les perseguía por enseñar a sus alumnos a recitar La rosa blanca, no se estaba proscribiendo, silenciando o persiguiendo a Cuba, sino a las subversivas ideas martianas.
Es verdad que la revolución cubana es socialista, marxista-leninista, y no renunciamos a ello, ni nos avergonzamos, sobre todo por los errores que otros hayan cometido, y que los llevaron a la autodestrucción. Pero si la revolución cubana sobrevivió a la hecatombe, no fue por gracia de Dios, ni por ‘esclavizar a su pueblo’, y mucho menos porque una nación digna como Venezuela nos hubiera tirado un salvavidas petrolero, como afirman otros.
La revolución cubana sobrevivió porque en su raíz, en su tronco, en sus hojas y en su cielo, vibraban la sangre, la savia y la luz de su cubano mayor, aquel que nos había enseñado que “los pueblos, como los hombres, no se curan del mal que les roe el hueso con menjurjes de última hora, ni con parches que les muden el color de la piel. A la sangre hay que ir, para que se cure la llaga…”14
Y sobrevivió también porque sus gobernantes habían escuchado la prédica martiana, que les enseñaba que, para ser buenos, no debían ocuparse de saber cómo se gobernaba en otros lados, sino en saber “…con qué elementos estaba hecho su país, y cómo podían ir guiándolos en junto, para llegar, con métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos…”15
Los poderes públicos en Cuba no son una mera seguidilla de los ejemplos ya distantes y deformados por el uso y el abuso de las revoluciones y el constitucionalismo europeo y estadounidense, ni tampoco una reproducción dogmática del famoso tripartito, al que debíamos toda sacrosanta obediencia en sus respectivas autonomías.
Recuérdese que los cubanos nacimos a la independencia con el albor del siglo XX, en medio de una ocupación militar extranjera, castrados de libertad, y solo accedimos a esta última en la clarinada gloriosa del 1 de enero de 1959, cuando el pueblo derrocó a la última dictadura que lo oprimió y se asumió plenamente soberano.
Por ello fundamos; no solo por comprender la evolución natural de la sociedad cubana en sus luchas ya centenarias, sino porque habíamos aprendido de Martí que “la independencia de un pueblo consiste ante todo en el respeto que los poderes públicos deben a cada uno de sus hijos”16.
Desde entonces e inspirados en José Martí, los cubanos nos entregamos a la creación de un nuevo país y nuevos poderes, convencidos por nuestro Apóstol que “…los fundadores de un pueblo, que van fundando con él una época, serían nimios si se satisficiesen con el triunfo efímero en una batalla aislada, que puede ir seguida de una derrota que comprometiera el nuevo sosiego público, y con él la riqueza y la energía de la nación”.17
Persuadidos de ello, nos entregamos a dar formas nuevas a instituciones nuevas. Queríamos que quienes ejercieran el poder supieran que lo tenían por merced y encargo de su pueblo, como una honra que se le tributaba, y no como un derecho que gozaba. Y lo logramos. Fidel Castro es la evidencia máxima, retirado del poder sin más riquezas que el amor millonario de su pueblo, y convencido de que todas las glorias del mundo caben en un grano de maíz18.
Queríamos que se cumpliera el mandato martiano de que la ley primera de la República fuera el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre, y por ello construimos una nación deliberante, en la que “el parlamento sea la copia legítima del pueblo que lo eligió”19, persuadidos, como él, que “no puede ser representante honrado el que va al Parlamento lleno de gratitudes, y de mercedes recibidas, y de trata tácita o expresa con el cacique que le nombran…”20.
Partimos de su idea, profundamente revolucionaria, de que “El diputado electo por el país para cuidar de sus intereses, no tiene el derecho de servir con su puesto a compañías privadas, sino cuando de ellas resulta claramente un bien general e indiscutible para el país al que debe su puesto, y de quien cobra paga”.21
Nos empeñamos en que los puestos públicos dejaran de ser objetos de lucro y rapiñas electorales y se convirtieran en “el desempeño de funciones necesarias, en su grado relativo, para la eficacia y seguridad de la marcha nacional”… y que solo pueda ocuparlos quien demuestre, como la ley vigente manda, poseer la capacidad necesaria para el desempeño de las funciones a que aspira…”22. “…Levantando hasta la justicia la humanidad injusta…” conciliando “…la fiera egoísta con el ángel generoso”.23
Los cubanos entendimos que la política ya no debía ser más “el arte de retener el gobierno, ni dar a las naciones brillo pasajero, sino de estudiar sus necesidades reales, favorecer sus instintos, y tratar del aumento y amparo de sus haberes…”24 Una “política popular en la que se acomoden por el mutuo reconocimiento las entidades que el puntillo o el interés pudiera traer a choque”… y que levante “…un pueblo real y de métodos nuevos, donde la vida emancipada, sin amenazar derecho alguno, goce en paz de todos”.25 Donde el voto sea un acto de lealtad a la República, porque “en una República, un hombre que no vota es como en un ejército un soldado que deserta”.26
Para alcanzar estas altas metas que José Martí impuso a los cubanos y, quién lo duda, a todos los nuestroamericanos, había que poner un límite a la pasión política en el respeto a la virtud humana27 y poner fin también a “las riquezas injustas; las riquezas que se arman contra la libertad, y la corrompen; las riquezas que excitan la ira de los necesitados, de los defraudados” y que “vienen siempre del goce de un privilegio sobre las propiedades naturales, sobre los elementos, sobre el agua y la tierra, que solo pueden pertenecer, a modo de depósito, al que saque mayor provecho de ellos para el bienestar común”.28
Si algún sentido quiere buscarse a estas palabras, espérese al próximo 26 de julio, fecha en que habrán transcurrido sesenta años del asalto vindicador con el que la juventud cubana lo redimió para todos los tiempos e hizo posible que en nuestra Patria comenzara a cumplirse su legado. Si aún quedaran dudas de ello, viájese hoy a cinco oscuras cárceles estadounidenses donde igual número de héroes cubanos, perseguidos y castigados por luchar honestamente contra el terrorismo real y sañudo, han irradiado luz de paz y aurora.

Señor Presidente
Queridos hermanos salvadoreños y amigos todos.

Este acto de hoy honra a la Asamblea Legislativa de El Salvador, a todos los partidos y diputados que participaron del Acuerdo, a los presentes en esta jornada, y por sobre todas las cosas, justiprecia al pueblo humilde de El Salvador que ustedes representan, y muy en especial a sus abnegados maestros, que en las más oscuras noches de dictaduras militares siguieron enseñando a sus niños en las escuelas los versos y las lecturas de José Martí.
Este acto de hoy, para decirlo con el Maestro de todos los cubanos, hace justicia a sus palabras: “¡No ha de ser verdad que el hombre sea enemigo y contrario del hombre, -que no pueda ser hombre de gobierno un hombre generoso”29, porque “el mundo es un templo hermoso donde caben en paz los hombres todos de la tierra, porque todos han querido conocer la verdad, y han escrito en sus libros que es útil ser bueno, y han padecido y peleado por ser libres, libres en su tierra, libres en el pensamiento”.30
A lo que añadía con vocación visionaria, entreviendo quizás este momento, en que Cuba y El Salvador, como todas las demás naciones hermanas de nuestro continente, pujan juntas por la integración y la unidad: “La América ha de promover todo lo que acerque a los pueblos, y de abominar todo lo que los aparte. En esto, como en todos los problemas humanos, el porvenir es la paz”31.
Entonces, gracias por acercar.
Gracias por unir.
Gracias por honrar.
Muchas gracias por ser, siempre, solidarios y leales.


REFERENCIAS
1 José Martí, Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. T.1:412.
2 Ver “Homenaje a José Martí en el Parlamento de El Salvador”. En Publicaciones de la Asamblea Legislativa. Volumen 29 de Revista Cubana. El Salvador, Asamblea Legislativa (1950-1979). Ministerio de Educación. Dirección General de Cultura. San Salvador. 1953.
3 Ver Biografía de Juan José Cañas-Dinarte en Internet (23.06.13) http://www.buscabiografias.com/bios/biografia/verDetalle/8415/Juan%20Jose%20Canas
4 Ver José Martí: 1853-1895 Cronología del Centro de Estudios Martiano de La Habana, en Internet (23.06.13) http://www.josemarti.cu/index.php?q=node/19
5 Ver Biografía de Carlos Arturo Imendia en Internet (23.06.13): http://www.biografiasyvidas.com/biografia/i/imendia.htm
6 El episodio se describe en “El Código Maceo”. Antonio Vargas Araya. Ediciones Imagen contemporánea, La Habana, 2012: 37 y 38.
7 José Martí, Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. T.5:
8 Ver en La Nueva Enseñanza. El Salvador, Enero de 1894. Anuario del Centro de Estudios Martianos. La Habana No.8. de 1985. Páginas 14 a 19.
9 Ver en “Farabundo Martí: la biografía clásica”, Jorge Arias Gómez. Editorial Ocean Sur, 2010: 10
10 Ver “El libro de la vida de Alberto Masferrer y otros escritos vitalistas” de Maria Elena Casaús Arzú. Edición crítica de la obra teosófico-vitalista (1927-1932).
11 “Homenaje a José Martí en el Parlamento de El Salvador”. En Publicaciones de la Asamblea Legislativa. Volumen 29 de Revista Cubana. El Salvador, Asamblea Legislativa (1950-1979). Ministerio de Educación. Dirección General de Cultura. San Salvador. 1953.
12 Roque Dalton. Paráfrasis. En No pronuncies mi nombre. Poesía Completa III. Dirección de Publicaciones e Impresos. Concultura, San Salvador, 2008: 146.
13 Ver Discurso de Schafik Hándal en Chapultepec (16 de enero de 1992) en Internet (23.06.13): http://www.sindicatosies.org/2012/01/discurso-de-schafik-handal-en.html
14 José Martí, Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, T.2: 377.
15 Ibídem. T.6:17.
16 Ibídem. T.1:186
17 Ibídem. T.14:357.
18 Ibídem. T.2:459
19 Ibídem. T.14:364.
20 Ibídem. T.9:358.
21 Ibídem. T.18:304.
22 Ibídem. T.10:290.
23 Ibídem. T.12:57.
24 Ibídem. T.14:229.
25 Ibídem. T.1:319.
26 Ibídem. T.13:88.
27 Ibídem. T.2:143.
28 Ibídem. T.12:250.
29 Ibídem. T.20:37.
30 Ibídem. T.18:460.
31 Ibídem. T.6:153.

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